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Fase superada

Esta imagen es tan cursi que me ha encantao; no he podido resistirme a colgarla... jajaja.

En fin. Hoy tocaba poneros al día de mi conversación con Míriam, así que allá voy.

He llegado bastante nerviosa porque seguía sin saber cómo ni por dónde empezar... y además ella ha llegado seria, seria, seria... cosa que no me ha tranquilizado mucho, la verdad.

Total, que hemos empezado a comer (más bien poco, porque a mí con los nervios no me entraba nada) y he empezado a explicarle la situación... omitiendo su nombre (tampoco sé por qué lo he hecho si pensaba decírselo de todas maneras... cobardía, supongo), hasta que ha llegado un punto de la conversación en que he pensado que era una tontería seguir hablando de "otra persona", así que le he preguntado si sabía de quién estábamos hablando y ha confirmado mis sospechas de que no es tonta y se había dado cuenta ya. Con algo tan simple la tensión ha bajado (por lo menos yo me he sentido aliviada). Así he podido entrar en más detalles de la situación y hablar sin rodeos de lo que me pasaba con ella.

Lo mejor de todo es que, al tenerla allí delante, no se me ha movido nada especial por dentro (aparte del estómago, por los nervios). Con esto ya me he quedado un poco más tranquila; no estaba enamorada de ella... no voy a negar que siento una cierta atracción física y que ella me cae muy bien, pero vaya, precisamente la suma de estos dos factores fue lo que me confundió, supongo.

Nos hemos pateado media Barcelona (con todo el solano, como las buenas) y con la tontería hemos pasado seis horas juntas (y habíamos quedado para comer), pero bueno, yo me lo he pasado bien y, supongo, el hecho de que ella haya aguantado todo ese rato conmigo es una buena señal de que este episodio no va a afectar a nuestra amistad... (ella no es de las que se queda si se está agobiando, lo cual me gusta). Quizás esté un poco incómoda al principio, pero no creo que la cosa sea más grave que eso.

En fin, que me he quitado un peso de encima... bueno, dos; el primero al saber que no estoy enamorada de ella y el segundo al saber que tampoco la voy a perder como amiga... es cierto que de momento no es una amistad profunda, justo empezamos a conocernos un poco, pero espero que con el tiempo podamos llegar a ser buenas amigas.

Y nada, éste ha sido mi día... un pasito más hacia mi decisión final.

Manos amigas



Cada uno es como es; Ruth (vamos a ponerle nombre ya) necesita aislarse de todo y de todos en momentos como éste y yo necesito hablar con los amigos, sea para desahogarme y llorar a moco tendido (cosa que se me da muy bien), sea para ordenar mis ideas y ver otros puntos de vista, o sea pnara distraerme y dejar de darle vueltas a la lavadora, aunque sólo sea un ratito.

Total, que tras ver a Ruth tan hecha polvo la primera noche, viendo que yo no sólo no podía ayudarla sino que más bien la iba a hacer sentir peor, mandé un SMS a Pili y Mili, nuestras mejores amigas, diciendo que la llamaran al día siguiente porque las iba a necesitar. Claro, yo lo hice con la mejor intención, pensando que le ayudaría porque sería lo que yo necesitaría en su situación... pero me cayó una bronca cuando se enteró... (aunque sabía que lo había hecho de buena fe).

La cuestión es que quien acabó quedando con ellas fui yo, después de pasar por casa a devolverle sus llaves y llevarme las mías (con las prisas cogí las primeras que vi). Y allí estaba ella, pobre, hecha polvo e intentando mantener las distancias para no hacer de aquello un drama. Se me partió el corazón al verla allí de aquella manera, sin poder darle siquiera un abrazo ni un beso de despedida, pero pensé que sería mejor que me fuera cuanto antes para que mi visita alterara lo menos posible su ya triste estado de ánimo.

Con la lágrima en el ojo fui al encuentro de Pili y Mili, con quienes, pasado el primer "Cómo estás?" y, sobre todo, el "Cómo está Ruth?", con el que temí echarme a llorar desconsoladamente en la calle, conseguí hablar del tema con una entereza admirable en mí. Les expliqué, me pusieron al tanto de sus teorías sobre las fases de una relación y le dimos vueltas a la situación hasta no quedar nada más que decir. Tras pedirles (innecesariamente, pues lo habrían hecho igual) que cuidaran de Ruth nos separamos y yo fui a buscar a Karola al trabajo, puesto que también había quedado con ella (aunque ella no sabía nada todavía, de hecho, habíamos quedado para hablar del fin de su tormentosa relación con su ya ex).

Tomamos algo contándonos nuestras penas, cenamos contándonos nuestras penas y acabé durmiendo en su casa (en el sofá) porque ya había perdido el último tren hacia el quinto pino en el que viven mis padres.

Y esta mañana, con el café con leche, creo que he encontrado un camino bastante seguro (o, por lo menos, no descabellado) para llegar a tomar una decisión con una base sostenible. Las piezas encajan, los sentimientos me llevan a tomarla y el sentido común también, sin embargo esperaré lo necesario para saber con total seguridad que no es una decisión impulsiva. Espero no equivocarme.