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El caracol que se dejó la casa

Hoy ha sido uno de esos días de locos, no por nada especial, sino porque me lo he pasado corriendo de un lado a otro tontamente. Tontamente, sí, por qué?

Pues porque ayer, estando yo tomando algo en Gràcia con un amigo me llama mi madre, mi madre? Si acabo de verla...

Yo: Hola! Qué pasa?
Máaaama: Ná, que te han llamado para una entrevista de trabajo... (a casa de mis padres??? de dónde han sacado el número???). Que les llames mañana; no sé si he apuntado bien el apellido (pues no, no lo había apuntado bien; al parecerme un poco raro lo he pronunciado siempre a toda hostia, que no se notara demasiado que no sabía ni con quién quería hablar).

Resumiendo, les he llamado esta mañana. Que llevaban días intentando localizarme (pues yo no me he separado del móvil ni un momento...), que si la cuenta de correo XXXXX seguía activa.... CLAAAAAAAAAARO, tiras de un CV de hace ocho años y pretendes localizarme a la primera? Aún que me has pillao de chorra en casa de mis padres... y que necesito un curro desesperadamente; poca confianza me ha inspirado semejante empresa de selección, pero bueno, qué iba a hacer? Que si podía ir hoy mismo a hacer unas pruebas (un poco precipitado me ha parecido, pero es que pretendía que estuviera allí en dos horas!). Joder, me ha costado, pero he conseguido alargar el plazo dos horas más (lo justo para llegar por los pelos con una presencia digna).

Plan de ataque: dúchate, vete a casa (a la de verdad), vuelve a ducharte (que entre el agua de casa de mis padres, ese champú que usan y ese artilugio anacrónico en el siglo XXI que ellos llaman secador, el pelo me queda hecho una mierda -las que me conocen saben que mi mayor encanto es mi melena Pantene... jajaja-), ponte ropa de persona y a ver qué pasa en la dichosa entrevista... crucemos los dedos.

Cruzar los dedos... valiente estupidez! No he estado nunca tan segura de un fracaso tan estrepitoso en una entrevista... por qué cuando te llaman por teléfono y te adelantan cuatro cosillas, de las que ya avisas que estás muy verde en una de ellas, insisten en hacerte perder el tiempo con pruebas sobre eso que les has dicho, explícitamente, que no dominas???? Pues hala, en eso ha consistido todo... una tarde perdida para nada, y recorriendo toda la ciudad y parte de sus alrededores inútilmente.

Pero bueno, dejando esto a un lado... he tenido que pasar por nuestra casa dos veces. Tan pronto como he salido del metro y me ha invadido esa sensación de barrio cutre, con sus olores, sus obras por todas partes, sus ruidos ensordecedores, su chusmilla... me he sentido en mi vida, en la de verdad.

He llegado, me he duchado en nuestra ducha, me he secado con nuestro secador, he rebuscado entre la ropa de nuestros armarios (entre la mía y la que compartimos), me he sentado en nuestro sofá... y me he sentido en casa por primera vez en muchos días. Me he sentido bien al estar allí, como si ella fuera a entrar por la puerta en cualquier momento. Y me he preguntado cómo hemos llegado a esta situación (o mejor, cómo la he vuelto a liar otra vez) si estamos bien juntas. Qué es lo que espero de la vida sin ella? Por qué es ya la segunda vez que algo me dice "estás segura"? Y, sobre todo, por qué cuando me doy cuenta de todo esto no puedo evitar sentir pánico a cagarla otra vez? Ese miedo me paraliza, no me deja disfrutar de mi relación ni me dejaría romperla si hubiera que hacerlo. Por qué es todo tan complicado cuando podría ser tan sencillo como querer y dejarse querer?

En fin. Besitos a todas, que hoy estoy blandita (aprovechad, que no sé cuando os podréis volver a aprovechar de mí... jajja).

De bajón

Hola niñas. Después del subidón de ayer tenía que llegar en algún momento el bajón de hoy. Sí, si llegáis a conocerme un poco (quizás con estos primeros posts ya os hayáis hecho una idea bastante aproximada) sabréis que soy bastante inestable emocionalmente. Una mierda, vaya.

La verdad es que estos días están siendo muy raros (demasiado hasta para mí). No sabría deciros cómo ni por qué, pero me siento... como si esto no me estuviera pasando a mí. Como si fuera completamente ajena a mi realidad. Pueden pasar un par de días tranquilos, en los que apenas piense y hasta desconecte del todo cuando quedo con alguien para tomar algo, aun cuando hable del tema, es como si pusiera una barrera.

Pero cuando llega el momento de caerse de la parra (ahora), se me cae el mundo encima. No quiero ni imaginar que Ruth pueda llegar a decantarse por el no. Cuando me dijo que necesitaba tomarse unos días pensé que necesitaba un poco de aire para pensar con claridad y asegurarse de que hacía bien aceptándome de vuelta. Ahora, sin embargo, con los días empiezo a ver cada vez más probable la posibilidad de un no. No porque no quiera estar conmigo (sé muy bien que eso es lo que más quiere), sino por miedo a mi puta inestabilidad, a que pueda volver a darse esta situación de dudas... y tendría toda la razón, la verdad. Ruth es una persona muy racional (los opuesto se atraen, ya se sabe) y, precisamente por ello, empiezo a creer realmente que decidirá dejarlo, porque sería la solución más lógica.

Supongo que es más un problema mío que de las dos. Que quizás debería hacérmelo mirar. Que mi vida, sea en el aspecto sentimental o en cualquier otro, siempre ha estado marcada por dudas y decisiones inseguras. Que soy una persona insegura ya lo sé yo sin ayuda de nadie, que soy inestable, también, que soy completamente dependiente de todo el mundo tampoco es ninguna novedad, y que la sensación de ser una inútil me acompañará toda la vida (después de leer todo esto quizás debería empezar a pensar que no es sólo una sensación...) lo tengo clarísimo.

En mis relaciones personales la cosa tampoco va mucho mejor (por no decir nada). Siempre he tenido la sensación de estar de más... de ahí esa actitud tímida tan estúpida de ir por la vida como pidiendo permiso para estar y perdón por molestar.

Da igual con quién esté, siempre tengo la sensación de hablar de más o de menos. De dar demasiada información o de ser demasiado hermética. De parecer una completa gilipollas, vamos. No hablemos ya de conocer a gente nueva! Me aterra la posibilidad de sentirme así una vez más, lo cual no sólo no me ayuda a dejar de sentirme así sino que, además, hace que, efectivamente, los demás piensen que soy imbécil.

Y lo peor es que, como me decían hoy, vaya donde vaya y huya de lo que huya, nunca podré huir de mí... así que me voy a la cama, a ver si durmiendo paro ya la lavadora.

En sus manos

Bueno, ayer fue el día (o las primeras horas de hoy, vaya). Hablamos y le expliqué por qué quería seguir con ella. Como es comprensible, después de todo, ella tiene miedo a que la historia se repita, así que ahora es ella la que se está tomando su tiempo para decidir si volver o no con alguien de quien está completamente enamorada, pese a tener siempre presente el miedo a si me volverán a aparecer las dudas... ahora es ella la que tiene la relación en sus manos, y espero que decida no doblarla y meterla en la cajita de los recuerdos.

Ahora, que sé lo que quiero, es cuando más siento no haberlo sabido antes.

Fase superada

Esta imagen es tan cursi que me ha encantao; no he podido resistirme a colgarla... jajaja.

En fin. Hoy tocaba poneros al día de mi conversación con Míriam, así que allá voy.

He llegado bastante nerviosa porque seguía sin saber cómo ni por dónde empezar... y además ella ha llegado seria, seria, seria... cosa que no me ha tranquilizado mucho, la verdad.

Total, que hemos empezado a comer (más bien poco, porque a mí con los nervios no me entraba nada) y he empezado a explicarle la situación... omitiendo su nombre (tampoco sé por qué lo he hecho si pensaba decírselo de todas maneras... cobardía, supongo), hasta que ha llegado un punto de la conversación en que he pensado que era una tontería seguir hablando de "otra persona", así que le he preguntado si sabía de quién estábamos hablando y ha confirmado mis sospechas de que no es tonta y se había dado cuenta ya. Con algo tan simple la tensión ha bajado (por lo menos yo me he sentido aliviada). Así he podido entrar en más detalles de la situación y hablar sin rodeos de lo que me pasaba con ella.

Lo mejor de todo es que, al tenerla allí delante, no se me ha movido nada especial por dentro (aparte del estómago, por los nervios). Con esto ya me he quedado un poco más tranquila; no estaba enamorada de ella... no voy a negar que siento una cierta atracción física y que ella me cae muy bien, pero vaya, precisamente la suma de estos dos factores fue lo que me confundió, supongo.

Nos hemos pateado media Barcelona (con todo el solano, como las buenas) y con la tontería hemos pasado seis horas juntas (y habíamos quedado para comer), pero bueno, yo me lo he pasado bien y, supongo, el hecho de que ella haya aguantado todo ese rato conmigo es una buena señal de que este episodio no va a afectar a nuestra amistad... (ella no es de las que se queda si se está agobiando, lo cual me gusta). Quizás esté un poco incómoda al principio, pero no creo que la cosa sea más grave que eso.

En fin, que me he quitado un peso de encima... bueno, dos; el primero al saber que no estoy enamorada de ella y el segundo al saber que tampoco la voy a perder como amiga... es cierto que de momento no es una amistad profunda, justo empezamos a conocernos un poco, pero espero que con el tiempo podamos llegar a ser buenas amigas.

Y nada, éste ha sido mi día... un pasito más hacia mi decisión final.

Y entonces llegó ella

Pues sí que voy a tener que hablar con ella, sí, pero no con Ruth (con quien ya he hablado bastante y a quien no pienso molestar más hasta tomar la decisión definitiva), sino con Míriam.

Míriam; nuevo elemento en la historia del que no os había hablado todavía. Míriam es una reciente amiga de las dos y que, este verano, nos ha acompañado en las vacaciones. Han sido diez días geniales, de muy buen rollo y de disfrutar mucho, tanto del viaje en sí como de los compañeros. Sin embargo (por desgracia, supongo), Míriam ha hecho que se me moviera algo por dentro (sentimiento sin identificar, como todos los míos...).

Empecemos por el principio. Hasta el viaje no había tenido con ella más que una buena conexión (por lo menos por mi parte), me cae de puta madre y tenemos ciertos puntos en común, pero fue empezar las vacaciones y... ¡sorpresa! algo de esta chica me atraía más de lo que yo habría deseado. ¿Ha pasado algo entre nosotras? No, no ha pasado nada (aunque supongo que, si no es muy tonta -y no tiene pinta de serlo-, se habrá dado cuenta, no sé).

La cuestión es que, si a mi ya demasiado amistosa relación con Ruth (me temo), le sumamos una tercera persona, la cosa empieza a pintar bastante mal; algo falla. Y ahí es donde saltan todas las alarmas y no puedo negarle a Ruth su "creo que no deberías estar conmigo porque para ti soy una amiga". ¿Cómo se lo voy a negar si ni yo misma estoy segura de que no tenga razón?

Así que, ahora que Míriam ha vuelto de viaje, he decidido hablar con ella y aclarar mis dudas; intentar identificar mis sentimientos hacia ella (si es que los hay), ya que no sé si simplemente me estoy confundiendo (ojalá), si es sólo algo sexual o si la cosa va más allá y realmente estoy a empezando a sentir algo... en cuyo caso no sé qué hacer (supongo que en ese caso debería acabar mi relación con Ruth; no sería justo continuar con ella, independientemente de que mis sentimientos fueran o no correspondidos).

Mañana hablo con ella; a ver cómo abordo el tema sin que se resienta nuestra amistad (esa va a ser otra). Ya os contaré qué tal.

Sí? Estás segura?

Ayer pasé todo el día pensando en la posible solución que había encontrado desayunando con Karola, y estuve casi segura de que era lo que tenía que hacer. Volver y solucionar ese problemilla (problemón?) que impide que nuestra relación sea perfecta.

Por la noche me dediqué a ver las fotos de estas vacaciones (un poco masoca, lo sé), para ver qué sentía al verla tan feliz, posando conmigo y haciéndonos fotos chorras. Y llegué a la conclusión de que no quería perderla, de que, por mucho que ella diga que yo nunca la perderé, no quiero conservarla como una amiga, sino como la persona que quiero que me acompañe el resto de mi vida. No consigo verme en brazos de otra; quiero que sea ella.

Llegado este punto decidí esperar algo más de tiempo, atarme las manos a la espalda para no coger el móvil y decirle que ya he tomado una decisión y si ella también está dispuesta a volver conmigo después de todo.

Esta noche me he despertado cincuenta veces pensando en ella, en lo mal que lo estará pasando, en lo poco que se merece esta situación y en si debería poner fin ya a todo esto o si será mejor esperar unos días más... mejor me freno; por muchas ganas que tenga de volver será mejor dejar pasar unos días, que me conozco... puta inestabilidad.

Primera noche... y no está

Antes de que nadie se emocione; no soy la chica de la foto (cosa que supongo que intuíais, pero mejor despejar cualquier tipo de duda), ya me gustaría...
En fin.

Primera noche en casa de mis padres, sin ella, durmiendo en la misma cama que tantas veces hemos compartido al venir de visita, en la que era (es?) nuestra habitación, donde mi madre (qué mona...) había puesto nuestras fotos en las mesillas de noche; una de la primera postal de Navidad que enviamos en nuestro primer año de convivencia y la foto de la última, "Feliz 2009", decíamos en una foto con grandes sonrisas. Feliz 2009... manda huevos.

Y la he echado de menos. Mucho. Echo de menos su manera de dormir, acurrucada y con los puñitos escondidos bajo su barbilla, la visión de su espalda (rara era la vez que dormía de cara), su respiración pausada y su lado de la cama ocupado (aunque yo ya dormía en diagonal con ella es muy diferente saber que no está a mi lado y que ya no basta estirar un poquito el pie para rozar el suyo).

Me gustaría llamarla y decirle que ya está, que siento haber vuelto a dudar de mis sentimientos y volver a hacerle pasar por esto, y que sí, que estoy completamente segura, que nunca más se volverá a dar esta situación porque nunca más volverán a aparecer las mismas dudas... pero no lo haré, por lo menos no todavía, hasta que no quede ni un sólo resquicio de duda, hasta que esté totalmente segura de no volver a hacerle daño, hasta saber que puedo hacerla infinitamente feliz durante el resto de mi vida.

Y si nunca llego a estar segura de ello, ésta será la última vez que la haga sufrir, porque no lo merece, porque ella sí merece ser feliz.